Ante la crisis que estamos viviendo en el país, son muchas las parejas que al ver el divorcio a la vuelta de la esquina, toman la decisión de visitar a un psicólogo para iniciar una terapia e intentar superar la crisis por la que está pasando la pareja antes de judicializarla.

Para superar los problemas con el amor en muchas ocasiones no basta, hay que ponerse a trabajar para gestionar la crisis, reflexionar sobre la etapa conflictiva que vive la pareja y que cada uno de sus componente afronta de diferente forma, dependiendo de factores tan variados como la modulación de las emociones, la habilidad de cada uno de sus miembros para gestionar los conflictos, así como el tiempo que lleva la pareja unida.

Lamentablemente no hay unos criterios básicos en los cuales nos podemos apoyar para saber si la crisis que se está gestionando en la pareja puede tener un final feliz. Sin embargo, sí hay factores que nos indican cómo puede progresar ese trabajo terapéutico: la duración de la unión, el tiempo que llevan en crisis, la existencia de hijos menores y sobre todo el miedo al cambio. Si hay una bajada de los niveles afectivos y emocionales, así como una disminución en la seguridad o en las buenas relaciones sexuales y una mala comunicación verbal, obliga a plantearse si el deseado cambio se puede producir.

Cuatro principales crisis que se pueden dar en una pareja

Una primera crisis que podemos denominar típica, se da en todas las parejas y tiene como base situaciones cotidianas del día a día.

La segunda suele ser la de la convivencia, en la que los dos miembros de la pareja pasan de residir cada uno en domicilios diferentes a hacerlo bajo el mismo techo. Esto condiciona los hábitos personales y se necesita generar una buena modulación de las emociones de cada uno para que se produzca una adaptación entre ambos.

En la tercera podemos hablar de la crisis de la maternidad-paternidad, en la que ambos progenitores pasan de tener un rol de pareja a un rol de padres, olvidando el primer rol. Se olvidan de su pareja y únicamente se dedican a ser padres, dejan de realizar actividades juntos… Como consecuencia, cuando los hijos hayan crecido y con el transcurso del tiempo puede que ambos se miren y descubran que son dos grandes desconocidos.

Por último está la crisis de la jubilación, donde los hijos ya no están porque han partido a la universidad, a trabajar, a tener su propia vida, etc. y la casa aparece como un espacio enorme, vacío y en el que uno o dos de los miembros se ha jubilado y todo se percibe de forma diferente.

Proceso de terapia en una crisis de pareja

En las primeras sesiones de una terapia de pareja se trabaja la comunicación bidireccional con la pareja, aquí es donde se comienzan a fortalecer los lazos emocionales. Aprenden que deben ser felices, sin la necesidad de que deba ser el otro quien nos genere nuestra propia felicidad. Hay que respetar el espacio del otro como persona, sus opiniones y sus emociones. ¿Cómo? Hablando siempre en primera persona, diciendo lo que se siente y se piensa al interlocutor y por último verbalizando qué se desea que el otro haga para generar bienestar a los dos. Es imprescindible aprender a escuchar, a dialogar, a compartir, a pedir y a ser consecuente con nuestros actos.

Una de las tareas que se recomienda a la pareja que haga es organizar algún tipo de actividades juntos, como pareja, sin los hijos, solos uno con el otro para compartir aficiones, hobbies, ilusiones y deseos. Es aconsejable hacer uso de la crisis para aprender más sobre uno mismo y sobre la otra persona y ver las cosas positivas que existen en todas las situaciones a pesar de que las califiquemos de crisis. Cuidar el sexo, las palabras agradables, un «te quiero», una sonrisa o una caricia.

Resumiendo, no se debe percibir la crisis como algo negativo, sino como algo que puede fortalecer la pareja y que puede generar un crecimiento emocional. Es alto el porcentaje de parejas que pasan por el psicólogo y a través del trabajo que se realiza en la terapia mejoran sus habilidades de comunicación y resuelven la “crisis”. Con lo cual, una vez reforzados, es necesario seguir practicando todas las técnicas aprendidas en la terapia y hacer uso de las herramientas que el psicólogo les ha transmitido. El objetivo primordial de la terapia es la resolución de los problemas, generar una buena escucha y aprender a seguir juntos.